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Messi nunca descansa

Messi nunca descansa

La ausencia no es el olvido. Qué narices. Es la asfixia. Es la obsesión por recuperar lo perdido. No merece la pena pensar demasiado en qué ocurrirá cuando Messi ya no esté. Será un tormento. Así que, de vez en cuando, es mejor verlo una hora en chándal, acurrucado en el banquillo y con los botines sobre el cemento. Aunque sólo sea para cerciorarse de que este deporte es igual que la vida. Una faena. Un camino en el que, con un poco de suerte, disfrutamos dos días y nos torturamos cinco. El Leganés llevó al Barcelona al límite. Aspiró al empate hasta el crepúsculo, allí donde aguardaba Messi. Éste soltó un tremendo zapatazo desde fuera del área y permitió que Luis Suárez remachara tras la primera parada de Cuéllar. El árbitro esperó a que el VAR le aconsejara dar validez al tanto pese a las protestas del portero. Suárez golpeó primero la pelota y se llevó después por delante al meta en el área pequeña. De Burgos Bengoetxea no consideró apropiado acercarse al monitor. Quienes pensaran que las tabernas cerrarían con la tecnología andaban bien equivocados. Todo sigue igual.Esa frenética recta final dejó en un segundo plano la formidable actuación de Dembélé, uno de aquellos crápulas que animan nuestra existencia. «El aburrimiento ya no es mi amor», escribía en pleno delirio psicotrópico su paisano Rimbaud en Una temporada en el infierno. El fútbol debe ser divertido. Delirante. Personajes tan excesivos como Dembélé agitan las meninges y te dejan sin aliento. Por eso la hinchada, exhausta ante el pogo del delantero, sólo pudo quedarse en silencio cuando vio cómo su tobillo izquierdo giraba sin remedio.Notable AleñáEl esguince llega en el peor momento para el francés, que firmó una hora de aquellas que deben recordarse. Otro paso al frente de un rebelde imposible de clasificar. De hecho, cuando la pelota está lejos de sus pies, camina con los brazos caídos y la mirada perdida. Las musarañas siempre le rondan. Todo cambia cuando agarra el balón. El defensa de turno no sabe si controlará con la derecha o la izquierda.

Si recortará o cambiará el ritmo. Si frenará en busca del pase o se pondrá a correr como si no hubiera mañana. Debe ser uno de los delanteros más indescifrables del fútbol actual. Nunca la genialidad convivió de manera tan natural con lo grotesco.Llevaba ya un rato Dembélé jugando al tocomocho con la defensa de cinco del Leganés cuando decidió pasar del aplauso a la ovación. Después de una furiosa salida de Piqué entre cuatro rivales y la acertada continuación de Carles Aleñá -notable en su primera titularidad en la Liga-, el extremo supo que tocaba inspirarse en Messi. Buscó apoyo en la orilla zurda, hogar de Jordi Alba, para que éste habilitara su disparo en el interior del área. Dembélé, que había usado la izquierda para el pase, finalizó con la derecha y al primer toque. A Cuéllar, peleado con el mundo desde el amanecer, no le quedó otra que quedarse quieto hasta que vio el cuero a su espalda.