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Gerard Piqué: el rebelde con causa del Barça

Gerard Piqué: el rebelde con causa del Barça

La mayoría de indicadores que se han manejado para medir la salud del Barcelona correspondían casi siempre a jugadores muy formales: se hablaba del estilo de Xavi, de la exquisitez de Iniesta y de la corrección de Messi. Los azulgrana jugaban y sentían el fútbol de tal manera que incluso se habló de una cierta moral en tiempos de Guardiola. Aquel sentido de equipo, expresado en el solfeo futbolístico de La Masia, ha menguado con el tiempo y la partida de sus mejores intérpretes ha dificultado la posibilidad de sostener ell ADN Barça. A pesar de la incidencia que todavía tiene el medio centro Busquets, el juego barcelonista se resume cada vez más en la figura de Messi.

Hay, sin embargo, un futbolista que ha actuado como hilo conductor de las distintas formaciones del Barça sin renunciar a una personalidad que le ha situado siempre en el punto de mira: Gerard Piqué. Aun cuando no se le señala como un signo de identidad futbolístico único del equipo, el defensa central ha sido una pieza capital del Barcelona desde su llegada en 2008. El Barça de Piqué ha sostenido al Barça de Xavi, de Iniesta y de Messi.

“Sin Piqué se nos caía el invento”, proclamó Tito Vilanova en 2011. Hoy le distingue Valverde. “No le afecta nada, es admirable. Lo utilizo mucho porque veo que aguanta bien. Los centrales no tienen tanto desgaste”, opina el entrenador del Barcelona. A excepción de los porteros, Piqué es el único jugador de campo que ha jugado todos los partidos de LaLiga: 2.160 minutos. Ya son 300 encuentros del campeonato, 27 goles —cinco en la actual—, seis expulsiones, toda una vida en el Barcelona.

La hoja de cálculo asegura además que recupera una media de 7,06 balones por partido, la mejor marca de su carrera, y participa en 82,85 acciones por encuentro, por 74,42 la temporada 2017-2018. El sábado fue decisivo en la jugada del gol de penalti de Messi: “Me agarran por detrás, me tocan el hombro y no puedo seguir”, opinó Piqué. A partir de la entrega de Ter Stegen, corrió de punta a punta de la cancha, hasta caer ante Míchel. Abierto el marcador, retrocedió hasta su arco para evitar el empate del Valladolid.

Juega Piqué de área a área, descamisado cuando hace falta, capaz de discutir incluso con el entrenador si le reprende, como ocurrió en el 3-4 del Betis, inconformista y ganador, preocupado ahora por el equipo: “No hemos jugado bien. Tenemos que mejorar porque si no lo pasaremos mal en Lyon. Necesitamos más rapidez, fluidez, posesión para no ser débiles”, proclamó en el Camp Nou. Habló Piqué con sinceridad y nadie negó su denuncia, ni siquiera Valverde.

Acusado de pirómano, Piqué es hoy un rebelde con causa: llega donde no alcanza el equipo, como se vio ante el Valladolid. Ahora mismo es un capitán responsable y exigente que responde con generosidad en la cancha para que nadie le reproche la promoción de sus negocios, propietario del Andorra y organizador de una nueva Copa Davis.

“El míster me pregunta y yo le respondo que estoy bien”, argumenta el central. Piqué disfruta del fútbol y de la vida, comprometido como ciudadano —era partidario de no jugar contra el Las Palmas el 1 de octubre— y como futbolista, centrado en el Barça después de renunciar a la selección tras el Mundial de Rusia. El culer Piqué siempre está, anónimo cuando el Barça va bien y protagonista cuando va mal, representante de una generación competitiva y con suficiente genio para hacerse valer ante Guardiola, Luis Enrique o Valverde. Formalidades, la justas para un culer como Piqué.